Palestina y su hada de los olivares

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Hacía el año 1946 en un pueblo de los altos de Galilea, al norte de Palestina, vivía Salam una niña de siete años junto a su familia campesina, que cultivaban un campo de olivos junto a otro de hortalizas. La familia vivía muy feliz con su campo de cultivo y su casa hecha de piedra, que la familia heredó de sus abuelos,  al igual que los olivares de la colina, que asomaba al lago de Tiberíades  “Mar de Galilea”.

Obra del artista palestino: Imad Abu Shtayyah

Era invierno cuando Salam guardaba una semilla de olivo que le entregó su abuelo Jalil antes de morir y le dijo que cuando fuera invierno la plantara junto al olivo milenario (data del año 152 a.c.) que tienen a la entrada de casa y que lo cuidara para que sea tan grande como el otro. La niña no dejaba de preguntar a su padre que cuando podría plantar la semilla, a la que el padre siempre le decía cuando sea el Eid… Transcurrieron los días y al Eid le faltaban pocos días, cuando la familia empezaba los preparativos, la niña no dejaba de preguntar que cuando iba a plantar la semilla, entonces sus padres le dijeron que mañana será el Eid y que le harán un hoyo para que entierre la semilla. Los padres y para darle una sorpresa a su hija Salam, y después que se fuera a dormir la niña, cavaron a media noche un pequeño hoyo y prepararon el terreno alrededor del olivo milenario.

Pero nada más acabar, oyeron disparos que cada vez eran más cerca de la casa, miraron alrededor y vieron columnas de humo que salían de la casa del primo Kamel. Entonces el padre le dijo a la madre que se escondiese en la casa y que él se iba a ver qué pasaba. La madre entró a la casa y se puso al lado de la cama de Salam. Los disparos se oían cada vez más fuertes, sus ruidos despertaron a la niña que le preguntó a su madre qué pasaba, la madre le dijo que era por la fiesta del Eid, a lo que la niña respondió entonces ya es Eid, la madre con cara de preocupación le hizo señal con la cabeza que sí… La madre se disponía a echarse junto a la niña, cuando llamaron a la puerta con mucha fuerza; asustadas las dos se levantaron y cuando se dirigían hacia la puerta una bala que entró por la ventana alcanzó a la niña Salam en la cabeza, que le causó la muerte instantánea. Su madre no pudo socorrerla ya que ella también fue alcanzada en la pierna por los disparos que entraban por la puerta ya que un grupo de bandas sionistas, habían echado la puerta abajo. La mujer no podía moverse,  mirando a su hija que yace muerta en el suelo, un sionista le dispara en el abdomen y muere. El grupo terrorista de las bandas sionistas que operaban en la zona quema la casa y se marcha, pero no sin antes quemar el olivo milenario.

Al amanecer, llegan el padre y sus primos que estuvieron apagando el fuego de los olivares que los sionistas habían prendido y se encuentran con un panorama de desolación que no podían creer lo que veían. La familia de la madre de Salam decide enterrar a la madre en el cementerio del pueblo, pero el padre decide que la hija se enterrara junto a la semilla en el hoyo que habían cavado para la semilla del olivo de Salam, y así fue.

La semilla creció y hoy es un olivo salvaje sin cuidados aparentes, ya que la familia de la niña fue expulsada de sus tierras dos años más tarde y la casa destruida. El olivo ya es adulto y goza de buena salud mirando hacía el valle de Tiberíades. Dicen los que se acercan al lugar que el olor a azahar llena el montículo donde está el olivo y que de noche le invaden las luciérnagas. Entre ellas se ve a una más grande que las demás y es la que dirige el baile del ir y venir, de subir y bajar alrededor del olivo… ¿Será el hada del olivo que nació de Salam? Es posible, ya que los olivares de Palestina con su hada Salam, hacen de ese pueblo que siga de pie como el olivar de Salam a pesar de todo.

 

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Cuento escrito por: Abdo Tounsi

Fuente: Abdo Tounsi